Entrevista con Lilith F: El placer de vestirse de mujer

On 27 noviembre, 2016 by Draf

Hoy publico la entrevista que tuve con Lilith F, Crossdresser de México con la que contacté por Facebook y a quien le hice una entrevista. La historia de cómo empezó y su particular visión del travestismo hace de esta entrevista algo sobre lo que reflexionar y quizás conseguir ver el mundo del Crossdressing desde un punto de vista totalmente diferente.

Tenéis la entrevista bajo esta tabla de contenido que os permitirá ver las preguntas que más os interesen, pero ya os digo que la entrevista vale mucho la pena desde principio a fin.

Cuéntame tu edad, en qué país vives y por qué escogiste este nombre

30 años. México, Ciudad de México.

Adopté mi nombre por su carga simbólica e histórica. Según antiguas leyendas de la época abrahamánica, Lilith fue la verdadera primera esposa de Adán, anterior a Eva.

Según una  leyenda extraída de evangelios apócrifos (que no aparece en la Biblia), Lilith con un vestido corto azul con topos blancosLilith abandonó el Edén porque no se quiso someter a la voluntad de Adán.

Se dice que mientras Lilith y Adán tenían sexo en la posición del misionero, ella quiso cambiar lugares y estar arriba, lo cual Adán rechazó porque quería mantener el control. Ante la resistencia de Adán, Lilith se fue y después dios creó a Eva para reemplazarla.

Por propia iniciativa Lilith se instaló junto al Mar Rojo, uniéndose allí con Samael, que llegó a ser su amante, y con otros demonios. La leyenda cuenta también que se convirtió en un demonio que se aparecía en los sueños eróticos de los hombres, una súcubo.

Se le representa con el aspecto de una mujer muy hermosa, a veces alada. Lilith es un símbolo de la feminidad insumisa y de la corriente feminista, una oposición al machismo, pero al mismo tiempo hermosa y por eso me pareció ideal para mi nombre femenino, dentro de mí está una mujer que se revela contra lo masculino.

¿Cómo fue tu primera experiencia probándote ropa femenina? ¿Qué te llevó a ello?

Todo comenzó de forma similar a como creo comenzamos muchas de nosotras. Tenía yo 12 o 13 años. Fue una especie de accidente, o así lo llamo yo.

Una mañana salí de la ducha como usualmente lo hago. Recuerdo que me preparaba para ir a la escuela. Estaba desnudo y lo primero que me puse fue una camisa de vestir, que al estar sin pantalón me quedaba como si fuera un minivestido. Por casualidad voltee al espejo y descubrí que tenía bonitas piernas, como de señorita. Me desconcerté mucho con el aspecto un tanto femenino de mis piernas, pero ahí me entró la curiosidad. Eso fue una especie de incidente que me llevó al siguiente paso.

Días más tarde esperé a que no hubiera nadie en casa y fui directo al entrevista-cross-lilithguardarropa de mi madre. Tomé unas pantymedias naturales y me las puse como pude después de algunos intentos fallidos. Reiteré mi impresión inicial sobre mis piernas. Descubrí que había heredado las legendarias piernas de mi abuela y mis tías, de linda forma y bien torneadas, y entonces me dije: “por qué detenerme aquí, ¿cómo me vería si añado más al atuendo?”.

Entonces tomé una falda color crema y unas zapatillas cerradas de vestir, muy elegantes, de tacón mediano en color guinda. Todo me lo puse con delicadeza y al terminar me fui a ver el resultado al espejo. Me encantó cómo me veía.

Mi esbelto cuerpo adolescente aún no se masculinizaba por completo y eso ayudó a que me viera tan femenina. La sensación fue extraordinaria, me encantó. Aún más, me fascinó. Cuando me vi al espejo, vi a una joven chica con piernas hermosas, muy sexy y bien formada. De ahí lo seguí haciendo cada vez que había la oportunidad de quedarme solo en casa y cada vez lo hacía con más elementos hasta que estaba toda vestida con un conjunto completo como toda una chica, claro, siempre en secreto, siempre en privado, siempre a solas.

¿Qué es para ti ser femenina?

Yo tengo una visión de la feminidad basada en la Teoría de Género, creo que la feminidad o la masculinidad son sólo construcciones sociales en constante cambio. Lo que entendemos por femenino hoy no lo era antes y lo que será considerado femenino mañana no será igual a lo de hoy.

Por ejemplo, hoy tenemos normalizado que los zapatos de tacón alto es de uso exclusivo de las mujeres, pero por siglos en el Medio Oriente fueron usados por los jinetes, después en Europa fue el rey Luis XIV el primero en usarlos, costumbre que se extendió entre algunas monarquías, pero después las mujeres comenzaron a usarlos y se volvieron un símbolo de feminidad y los hombres ya no los usaron más.

Entonces lo que entendemos por feminidad no está basado en la naturaleza, sino en construcciones de la sociedad, costumbres que pueden pasar o recuperarse o modificarse. Creo que en el caso de las travestis simplemente nos sentimos atraídas por las cosas que en nuestra época se consideran femeninas, los colores vivos, los encajes, la ropa con ciertas confecciones como las faldas o los vestidos.

¿Qué opinas sobre las mujeres que no se maquillan, siempre llevan zapatos planos y buscan la comodidad y lo práctico en vez de llevar ropa atractiva, maquillaje y tacones?

Por mí no hay problema. Cada quien debería ser como quiera ser sin que sea juzentrevista-travestigado en la sociedad. Aquí tendríamos que rescatar el concepto anterior de feminidad. Son mujeres que no encajan con lo que la sociedad se entiende por feminidad y por eso son señaladas, juzgadas o discriminadas, porque no se sujetan al estereotipo.

Claro que en lo personal me atraen mucho la mujeres que se arreglan y son muy femeninas, pero es por la influencia de los estándares sociales y los medios de comunicación. Hay que entender eso y estar conciente de que esos estereotipos son aprendidos. El problema cuando se discrimina a quien no cumple con esos estereotipos, por eso hay tanta discriminación contra la comunidad LGBTTTI, porque no encajan con el cisgenerismo y el heterocentrismo dominante. Yo simplemente creo que todos deberían poder vivir su vida personal como más le plazca sin ser discriminados.

¿Cuál es tu prenda fetiche?

Todo lo que tiene que ver con las piernas. Las medias, pantymedias, faldas y zapatos de tacón alto. ¡Me fascinan!

¿Has salido a la calle transformada?

No. En mi caso no soy como la mayoría de las compañeras TVs que necesitan salir para sentirse completamente realizadas, no siento esa imperiosa necesidad que algunas tienen de salir.

Estoy a gusto en mi closet. Ahí me siento segura y realizada, sin problemas. Alejada de las malas intenciones. No niego que me gustaría salir y compartir con algunas otras TVs, pero no es algo que me obsesione. Si no pasa nunca, no hay problema por mí.

El internet ha sido un aliado que me ha permitido compartir experiencias con otras TV sin tener la necesidad de salir de mi casa.

¿Has podido compartirlo con alguien de tu entorno?

No. Nadie de mi vida de chico lo sabe. He optado mantenerlo en secreto por lo que comentaba, que la sociedad es muy discriminatoria y no entiende este mundo. Ni si quiera me he atrevido a decirles a mis personas más cercanas.

¿Si en algún momento se te planteara una transición y con ello no afectaría a tu vida, renunciarías a tu vida como hombre?

Dicen que nunca hay que decir nunca, pero creo que no.hombre-vestido-mujer

A pesar de mis travestismo me considero cisgénero y heterosexual, es decir, me gusta ser chico, me gustan las mujeres y no quiero cambiarlo. No busco convertirme en mujer de tiempo completo.

En mí caso mi travestismo es más un peculiar pasatiempo, lo describiría como un fetiche. Me siento especialmente atraído por el mundo femenino, tengo una gran admiración por la belleza femenina que llegó al punto de querer sentirla en piel propia. Sólo me visto de chica ocasionalmente en privado para mis goce personal, aunque convivo con otras TVs en las redes sociales.

Vivir en la era del internet y las redes es una ventaja en este mundo crossdresser, me ha permitido conocer mucha gente sin salir de casa.

¿Cómo actuarías si tu pareja se entera de que te vistes de chica y te prohíbe que lo vuelvas a hacer?

Trataría de explicarle todo el asunto. Que este peculiar gusto no cambia en nada lo que siento por ella. Que siempre voy a amarla. Que siempre estaré para ella.

¿Qué argumentos escogerías si decidieras confesarle a tu pareja que te gusta vestirte de chica?

Le diría que el hecho de que me guste vestirme de chica no me hace gay, ni cambia lo que siento por ella ni modifica de ningún modo mi compromiso con ella. Que la amo y que siempre voy a amarla. Que este fetiche es más común de lo que piensa.

Que nunca se lo dije porque no quería lastimarla, porque sé que el mundo no comprende este gusto y temí su rechazo.

¿Qué cosas crees que les puede molestar a las esposas de las crossdressers ?

Creo que siempre el primer miedo es el pensar “mi marido (o pareja) es gay”, es casi inevitable.

Quienes conocemos de este ámbito sabemos que el travestismo y la homosexualidad son conceptos separados. La gente piensa que porque un hombre disfruta de vestirse como mujer forzosamente es homosexual, pero eso es un concepto erróneo.

Resulta que hay muchos hombres que disfrutan de vestirse como chica, pero no se sienten atraídos por hombres y que eso es mucho más común de lo que podría pensarse. Desgraciadamente hay muchos estigmas y prejuicios que aprendemos de la sociedad y de los medios de comunicación que son erróneos.

vestido-negro-hombreEl segundo miedo es “mi marido quiere ser transexual”, es muy común también, pero aquí también cabe aclarar que muchos travestis no buscan un cambio de género permanente, sino simplemente un cambio estético momentáneo, que puede ser por un simple fetiche o pasatiempo. Hay que entender que los travestis admiramos demasiado a la belleza femenina, tanto que buscamos emularla en nuestra propia persona, lo que nos causa un placer difícil de explicar a los demás. Por supuesto que hay muchos travestis que sí se sienten atraídos a los hombres y también los hay que descubren en el travestismo su primer paso a la transexualidad, pero no es igual con todos. La diversidad sexogenérica es muy amplia.

Hay otra cosa que puede molestar mucho a las parejas de travestis: que se sienten desplazadas por la presencia de “otra” mujer en la relación, sienten que entran en competencia con el yo femenino de su pareja y pueden sentirse intimidadas, celosas, desconcertadas.

A ellas yo les diría que su pareja necesita que lo escuchen, mucha comprensión, oídos abiertos, tolerancia a nuevos conceptos y que si su pareja gusta de vestirse de chica no tiene que ver nada con el amor que siente por ellas, ese amor seguramente no está en riesgo.

¿Crees que en un futuro no muy lejano el crossdressing será aceptado por la sociedad como algo natural?

Creo que algún día sí, pero no creo que esté a la vuelta de la esquina. Para eso se requiere aún mucho trabajo, mucha concientización sobre el tema, activismo, tolerancia.

Pero estamos en ese camino. Informando y concientizando precisamente a través de espacios como este.

¿Consideras menos varonil a un hombre por ser crossdresser?

Ni más ni menos. Eso ya depende de cada caso. De cómo cada persona quiere proyectarse ante los demás, ya sea desde el mundo crossdress o desde su vida de chico.

Creo que la mayoría de los crossdressers heterosexuales somos muy varoniles en nuestra vida de chico, nadie sospecharía que disfrutamos de encarnar el mundo femenino. Claro que hay otros que llevan elementos femeninos a su vida de chicos. Todo es posible. Aunque claro que cuando asumimos el rol de chica, pues lo varonil desaparece, pero no por eso un crossdresser vale menos como persona. Los travestis valemos tanto como cualquier otra persona.

Ni en el colectivo LGBTTTI ni en cualquier otro ámbito una persona debe de ser discriminada por su forma de vestir, su identidad genérica o su preferencia sexual. Todos valemos por el simple hecho de ser personas.

2 Responses to “Entrevista con Lilith F: El placer de vestirse de mujer”

  • Personalmente creo que Lilith F te falta valentía para decirle a tu pareja que eres travesti. Yo me llamo “Ángela”, soy hombre pero desde niño siempre me ha gustado vestirme de chica, incluso he adoptado un nombre femenino para cuando quiero vivir el rol de mujer. Hoy tengo 55 años. No pienso renunciar nunca a mi manera de pensar, sentir o actuar sintiéndome de vez en cuando mujer. Estoy felizmente casado y tengo hijos y nietos.
    Sin embargo cuando me casé una de las primeras cosas que que le confesé a mi mujer era que me gustaba mucho ponerme pendientes y ropa de chica. Mi mujer, al ver que tenía las orejas marcadas lo primero que hizo fue comprarme unos preciosos pendientes y me confesó que la encantaba que los llevara puestos siempre en casa. En una ocasión me puse un vestido de ella y cuando me vió no la gustó que me pusiera su ropa. Se puso a llorar, porque una cosa era que yo la hubiera dicho que me gustaba la ropa femenina y otra era verme vestido como una mujer.
    Me quedé completamente contrariado, sin palabras, no sabía que decirle. Pesé, por un momento, que después de seis meses casado se iba a separar de mí. Entonces ella me preguntó: ¿Quieres ser mujer? ¿Eres gay? La miré a los ojos, la abracé, la besé y le dije con mucho cariño “NO”. La dije simplemente que ella era mi vida, pero que casi desde que tengo uso de razón siempre me ha gustado la ropa de chica. Le dije sencillamente que era hombre y que me gustaba mucho ella y hacer el amor con ella. También la dije que era un hombre “con mentalidad femenina” y que por esa misma razón la iba a saber comprender mejor.
    Al día siguiente, al volver a casa de mi trabajo, me encontré con una sorpresa mayúscula: Encima de la cama me encontré todo un vestuario femenino. Pregunté a mi querida mujer que si había ido de compras y se había comprado ropa nueva. Me dijo que no. “Toda esta ropa es para tí” “¿Para mí?” la contesté. “Sí sí, para tí”. Se me saltaron las lágrimas, me quedé mudo observando toda aquella preciosa ropa, que además la escogió ella con muy buen gusto. Dos preciosas faldas, una de felpa negra cruzada y otra beis recta con botones dorados y cremallera lateral. Dos pantys, unos negros y otros color natural. Una blusa preciosa fucsia (mi color favorito) y un sueter con escote en V de color negro. Unas braguitas brasileñas, que a mí tanto me gustaba vérselas a ella puestas (me las compró como las de ella pero de color carne), un sujetador con tirantes finos y relleno copa A, unos zapatos de tacón preciosos, con tacón de 6 cm, que como yo uso un 43 de calzado (talla de España), tuvo que comprarlos en una zapatería de tallas grandes, los zapatos eran de color negro.
    Al ver mi cara de asombro me dijo: “¿No decías que te gustaba la ropa de mujer? Pues ahí la tienes” Me volví a quedar sin palabras. No sabía ni qué contestar.
    “¿Quieres que te ayude a vestirte?”
    Por un momento pensé que me estaba poniendo a prueba para ver mi actitud y decidir si me dejaba o no.
    Me cogió de las manos, me besó y abrazándome me dijo que me quería mucho y que quería mucho sobre todo al hombre que era y que llevaba dentro. También me agradeció que no la escondiera nada haciendo cosas a escondidas y engañándola.
    Me desnudé de mi ropa. Me dí un buen baño y antes de salir del baño me dijo: “No se te ocurra ponerte la ropa con esos pelos”. Me depiló las piernas y el pecho. (Ufff que dolor… me depiló con cera, porque según ella, el vello me tardaría más en salir y los pelos no me crecerían de punta). Después de depilarme (Se tiró más de dos horas). me dijo que debería de saber “lo que sufrimos las mujeres cuando nos depilamos”. Me dijo que me afeitara y me apurara al máximo.
    Después fuimos a la habitación y empezó lo que yo, ni en mis mejores sueños había imaginado. Por primera vez en mi vida me estaba poniendo unas braguitas… un sujetador… unos pantys (me puse los negros por indicación de ella)… ¡¡Que sensación más agradable sentía en las piernas recién depiladas!! El sujetador me
    quedaba perfecto (yo tenía un poco de sebo en los pechos y con el relleno… chapó). A continuación me puse la falda de felpa negra cruzada que me quedaba divina. y por último me puse la blusa de raso de color fucsia. Y por ultimo los zapatos de tacón negros. Me quise levantar y no podía, no estaba acostrumbrado a usar tacones. Me levanté como pude y me miré al espejo. Estaba radiante.
    Mi mujer me miró y me dijo: “Pareces un marujón, ¿no ves que te falta algo?” “No sé” le contesté.
    Abrió un paquete y sacó una preciosa peluca de color castaño (el color de mi pelo) con el pelo largo por la mitad de la espalda con la raya en medio y un corte precioso. También me compró unos pendientes de aro de media caña medianos de oro amarillo. Me los puse y me quedaron preciosos.
    “Todavía te falta algo. Siéntate te voy a maquillar”
    Me puso maquillaje en la cara para iluminar un poquito el rostro, no mucho pues yo era muy joven (tenía 23 años) y tenía la piel muy tersa. Me pinto la linea de los ojos, Me dio sombra de ojos un rosita muy suave para no parecer un putón verbenero y me puso rimel en las pestañas.
    Como a mi mujer no se la escapaba un detalle, se dio cuenta que yo tenía las cejas muy pobladas, así que cojió las pinzas y zas ¡¡que dolor!! me empezó a depilar la cejas, no sin antes despoblarmelas bastante con unas tijeras. Al final un resultado optimo, no precían cejas de mujer para no dar el cante en el trabajo ni en la calle, pero bastante mejor que antes.
    Por último, lo que más me gustaba de todo el maquillaje: me pintó los labios y las uñas de color rojo intenso.
    Pero ahora venía lo más difícil: andar con los zapatos de tacón. Me puse a andar y los pies se me iban para todos los lados. Como vivíamos en una casa baja con un buen patio totalmente independiente (Nadie nos podia ver) decidí practicar por el patio. Sorprendentemente en media hora andaba perfectamente con los zapatos de tacón.
    Cuando volví dentro de la casa me encontré a mi mujer sentada en la cama llorando. La dije “¿Que te pasa cariño?”. Me contestó: “No se si he estado vistiendo a una muñeca… ¿donde está mi marido?”
    “Estoy aquí cariño”
    La abracé, la besé. Me empecé a quitar la ropa de abajo he hicimos el amor toda la tarde. Recuerdo que era viernes por la tarde. Como teníamos todo el fin de semana por delante tenía mucho tiempo para practicar mi recién estrenado vestuario femenino.
    Después de hacer varias veces el amor, mi mujer me dijo muy cariñosamente: “Mira el armario… la parte de la izquierda es donde está toda mi ropa… esa ropa mía no quiero que me la toques nunca. La parte de la derecha es la tuya. Tú tendrás tu ropa de hombre ahí y en un lado del mismo tu ropa de mujer. Pero no quiero verte nunca con mi ropa puesta (Yo usaba una talla más grande que ella pero algunas prendas suyas me quedaban bien)” “Ahora me he dado cuenta que tengo un marido y una amiga preciosa” me dijo.
    La verdad es que sí que estaba “guapa”. Me dijo que me volviera a vestir y que si era mi deseo podía disfrutar de vestirme de mujer todo el fin de semana. ¡¡Qué maravilla!!.
    Volví a ponerme las braguitas, las medias, la falda, los zapatos de tacón… pero se me había quitado un poco el maquillaje… mi mujer me dijo “ya sabes como lo he hecho.. hazlo tú ahora”
    Me volví a pintar los labios y me pinté de nuevo los ojos.
    Como era primavera (marzo, creo) todavía hacia frio por las noches. Salí al patio a seguir practicando con los zapatos de tacón… y madre mia qué frio me corria por las piernas (yo no estaba acostrubrado). Pero qué gusto tan enorme sentía cuando notaba que el aire entraba por debajo de la falda. La falda que llevaba puesta llegaba justo por las rodillas. Pero en dos días me terminé acostumbrando.
    Cuando llegó la hora de la cena mi mujer me llamó: “Ángela, vente a cenar” ¡¡Angela!! por primera vez alguien, mi mujer me llamaba en femenino. Me dijo que de vez en cuando llamará a su amiga “Ángela” para pasar un buen rato con ella. ¡¡Qué alegría sentí en ese momento!!.
    Ni que decir tiene que pasé el mejor fin de semana de mi vida. A la mañana siguiente me puse la otra falda y el sueter. y bueno… que más decir… aprendí una lección importante, aprendí a no desesperarme cuando mi mujer tardaba tanto en prepararse cuando salíamos fuera.
    Normalmente cuando mi mujer decide invitar a “Angela” tardo casi dos horas en prepararme. Tengo que decir que ahora, muchos años después (34 años) mi mujer y “Ángela” son grandes amigas. He llegado a practicar un tono de voz femenino para usarlo cuando soy Ángela.
    A la siguiente semana de aquel momento tan memorable mi mujer me compró dos preciosos camisones.
    Años después puedo decir que, aunque mi principal vestuario es masculino, dispongo de varias prendas femeninas: 5 faldas, varias camisetas femeninas de tirantes finos, manga 3/4, manga corta. Me compro medias muy a menudo, lencería, camisones, pijamas femeninos. Tengo tres pares de zapatos de tacón. Tengo mis propias lacas de uñas. Dos pelucas, una de pelo largo y otra de media melena. Tengo más juegos de pendientes que mi mujer. Ella alguna vez me quita algunos (envidiosa). Por cierto, los pendientes es lo único que siempre me deja llevar puesto mi esposa. Si no los llevo puestos me dice que me ve raro.
    Todo esto que he contado es una historia real.
    Nunca he ocultado nada a mi mujer. Supongo que he tenido suerte en que ella me acepte como soy. No lo se. Lo cierto es que si se lo hubiera ocultado hubiera sido peor.
    Estoy muy contento de ser casi siempre el compañero masculino y fiel de mi mujer y algunas veces ser “Ángela”, la amiga fiel de mi señora que ella sabe que nunca la fallará.

  • la nota que publicaste me fue demasiado util, voy a aprovecharla y mandarsela a un amigo por fb que estaba buscando lo mismo, muchas gracias por compàrtir la data 😀

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